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Cómo Mickey Mouse salvó a Walt Disney de la bancarrota

Walter Elias Disney posiblemente sea uno de los visionarios más grandes de todos los tiempos, y como se ha repetido en más de una historia, a pesar de ser sumamente incomprendido en sus inicios. El responsable de lo que fue el gran monopolio de animación que toda generación nacida a partir de la década de los años 20 del siglo XX conoce, no siempre tuvo éxito, pues incluso estuvo apunto de caer en la bancarrota total, siendo salvado por la caricatura más famosa del mundo: Mickey Mouse.

La historia comenzó mucho antes de que el ilustrador comercial tan siquiera pensara en crear un animal en animación y darle toda una familia de personajes que hoy son reconocidos en cualquier parte del mundo por grandes y chicos, como el Pato Donald, Minnie Mouse, la Pata Daisy o Pluto Chip, pues durante su infancia las cosas no fueron nada fáciles y menos cuando su tendencia por las bellas artes y el mundo del entretenimiento iban en contra de toda carrera u oficio común entre hombres de su edad y generación.

El perfil biográfico que la revista National Geographic creó sobre él indicó que en 1906, cuando Disney tenía cuatro años, la familia se trasladó a una granja en Marceline (Missouri), donde su tío Robert acababa de comprar un terreno. Ahí, Disney desarrolló su interés por el dibujo cuando le pagaron dinero para retratar a lápiz y colores el caballo de un médico jubilado del vecindario, siendo posiblemente la más tierna casualidad que marcaría el futuro brillante de alguien que trabajaría para millones de niños.

Su padre, Elias, era suscriptor del periódico Appeal to Reason, por lo que fácilmente practicaba copiando las caricaturas que aparecían en el diario. Como vivían cerca de una estación ferroviaria, tenía costumbre de ir con su hermana pequeña para ver los trenes, que después pintaría.

En 1911 su familia se trasladó a Kansas City, donde un joven Walt Disney entabló amistad con Walter Pfeiffer, compañero de colegio, cuya familia era aficionada al teatro, e invitaron al joven a presenciar espectáculos de vodevil y películas, ampliando su panorama artístico a más elementos y ramas.

Sus trabajos en conjuntos comenzaron a rendir frutos después de haber sido despedidos por recortes de presupuesto en la primer empresa donde se conocieron, con la apuesta que tenían pero aún sin concretar el nombre que ahora todos conocemos del ratón, con Plane Crazy, un cortometraje que seguía la ola de entusiasmo por Charles Lindbergh que anegó al país tras su exitoso cruce del Atlántico, fracasó poco antes de que tan siquiera recuperara la inversión.

Así es como llegó la idea de no solo animar sino doblar con voz a sus personas. Proyectó una copia muda de la cinta mientras, tras una sábana, varios de los animadores y él mismo (se ocupó de los ‘diálogos’ entre los distintos animales) interpretaban una versión simplificada de la banda sonora, canciones incluidas. Ese intento de sincronizar imagen y sonido fue un rotundo fracaso, pero Disney vendió su coche y lo invirtió en otra prueba.

Willie y el barco de vapor (Steamboat Willie): la salvación de la ruina de Walt Disney
Dirigida y escrita por Walt Disney y Ub Iwerks, se proyectó por primera vez el 18 de noviembre de1928 -sí, esta fecha es considerada el cumpleaños del querido dibujo animado- en el neoyorquino Universal’s Colony Theatre -hoy The Broadway Theatre-. Este proyecto no sólo significó que él no se había equivocado con su apuesta en tener toda la fe y recursos puesto en un ratón animado, además representó el golpe de suerte que lo catapultara para el resto de la historia.

El público se quedó boquiabierto cuando apareció el ratón, que por fin tenía nombre, Mickey Mouse, guiando un barco por el río mientras silbaba una melodía. En entrevistas para diarios internacionales como The New York Times o The Wall Street Journal, Walt Disney llegó a describir antes de su muerte -15 de diciembre de 1966, a los 65 años de edad- dicho momento que cambiaría su destino y lo salvaría de perder todo lo que había vendido por creer en el proyecto.

La crítica del Variety lo resumió así: “Representa un alto grado del ingenio del cartoon, inteligentemente combinado con los efectos de sonido. La unión provocó risas en abundancia, se producían tan fácilmente en el Colony, que tropezaban unas con otras”.

Mickey Mouse no solo es el claro ejemplo de que el sueño de cualquier persona perseverante, trabajadora y fiel a sus ideales puede conseguir su gran sueño, a pesar de tener las circunstancias en contra, pues a casi 100 años de su invención, el colorido ratón sigue siendo el dibujo animado más popular en la historia. Triunfó la idea de dos personas que trabajando en conjunto lograron demostrar que nunca se es muy pequeño para ser grande.

INFORMACIÓN: INFOBAE

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