Por supuesto, este día y este partido tenían que llegar para Roger Federer y para el tenis, como inevitablemente deben arribar para todas en cualquier deporte.
Federer dijo adiós el viernes por la noche, con un último partido antes de marcharse al retiro a los 41 años, luego de una carrera superlativa que abarcó casi un cuarto de siglo.
El suizo, quien ganó 20 cetros del Grand Slam, concluyó su carrera con una derrota en un encuentro de dobles de la Copa Laver, en el que formó dupla con Rafael Nadal, su añejo adversario.
Conformó el Equipo Europa junto con el español Nadal, quien ostenta el récord con 22 coronaciones en las grandes citas. Pese a semejantes laureles, ambos cayeron ante el Equipo Resto del Mundo, formado por Frances Tiafoe y Jack Sock, por 4-6, 7-6 (2), 11-9, en la O2 Arena.
Pero el resultado poco importó. Lo que quedó para el recuerdo fue la despedida a Federer.
O mejor dicho, las despedidas. La de Federer al tenis, a los aficionados, a sus rivales y colegas. Y las de todos esos integrantes del mundo del tenis para el astro.
“Ha sido un recorrido perfecto”, manifestó Federer. “Lo volvería a hacer”.
Cuando terminó el encuentro y su carrera, Federer abrazó a Nadal, a Tiafoe y a Sock. Luego comenzó a llorar.
Nadal se enjugó también las lágrimas, mientras una catarata de aplausos resonaba junto con los gritos de afecto desde el graderío.
Federer se llevó las manos a la cintura.
Djokovic).
En el apogeo de sus poderes, Federer participó en 10 finales consecutivas de Grand Slam, un récord, ganando ocho, entre 2005 y 2007. Extendiendo el rastro hasta 2010, llegó a 18 de 19 finales de torneos major.
Más que los números, la gente recordará ese poderoso golpe de derecha, el revés con una mano, el impecable juego de pies, un servicio espectacularmente efectivo, el entusiasmo por llegar a la red, la voluntad de reinventar aspectos de su juego y —la parte de la que está más orgulloso— una longevidad inusual. También, está su personalidad fuera de la cancha.
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