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Inseguridad, el PAN de todos los días

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Ok, hablemos claro y sin rodeos. Puebla está en llamas, y no precisamente por el clima. La inseguridad es el pan de cada día, y la cosa va de mal en peor. ¿Nuevos cuerpos? ¿Robos? Es el reporte diario que nos endilgan los medios, y sinceramente, ya estamos hartos. Algunos dicen que si no ayudas, no estorbes. Bueno, pues parece que nuestras autoridades están siguiendo ese consejo a rajatabla, porque la inseguridad está desatada y no vemos estrategia alguna para frenarla.

La historia detrás de este desastre es un desfile de desencuentros. Hemos perdido el tejido social, vivimos pegados a las pantallas en vez de conocernos cara a cara. ¿Vecinos? ¿Qué es eso? Mucha gente ni sabe quién vive al lado. Nos hemos vuelto unos alienados que normalizan la violencia, como si fuera parte del menú diario. Ya ni nos sorprende, y eso, amigos, es un problema serio.

La bola de poder se pasa de mano en mano, y el primer acto de corrupción comienza cuando alguien acepta un cargo para el que sabe que no está preparado. ¿Responsabilidad? Eso parece un chiste. Las autoridades locales, ¿dónde están? Parece que viven en un mundo aparte, ajenas a la realidad que vivimos en las calles. ¿Voluntad política? Ni rastro. Estamos cansados de líderes apáticos que se desentienden de lo que realmente importa: la seguridad de nuestras vidas.

La normalización de la violencia ha creado una especie de burbuja en la que algunos viven, como si no pasara nada. Pero la verdad es que está pasando, y está pasando demasiado. ¿Obligaciones inaplazables? ¿Resultados? ¿Alguien les ha dicho a nuestras autoridades que están ahí para hacer algo más que calentar el asiento? Porque parece que se nos olvidó.

Es hora de despertar, Puebla. La seguridad no es un privilegio, es un derecho. La reconstrucción del tejido social no es opcional, es urgente. Y esa palabra mágica, “comunidad”, no debería sonar como un susurro lejano, sino como el grito de guerra que nos impulse a exigir lo que merecemos: una ciudad segura.

Aceptemos la realidad: el problema está en casa. El primer paso para arreglar las cosas es reconocerlo. Si aceptas un cargo para el que no estás preparado, estás dando el primer paso hacia la corrupción. No es solo un problema de seguridad, es un problema de liderazgo y de responsabilidad compartida. La ciudad es de todos, y es hora de reclamarla. No más charlas vacías ni miradas hacia otro lado. Puebla merece más que esto.

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