Adentro del templo no queda espacio para nadie, pero cuando la voz del apóstol rompe el silencio y sus devotos la reconocen, entre las filas de hombres y mujeres se hace un lugar para el llanto.
Las palabras de Naasón Joaquín García despiertan sollozos dentro y fuera de un santuario en el que su ausencia entristece la noche. Él es quien suele presidir la festividad más sagrada de la iglesia La Luz del Mundo en Guadalajara, al occidente de México, pero el mensaje que transmite en esta Santa Cena proviene de la cárcel.
la cuna. Los padres suelen dar nombres bíblicos a sus hijos, como Silem o Hiram para los niños y Esther o Dánae para las niñas. Más tarde, a los 40 días de nacidos, los llevan hasta el templo para presentarlos ante Dios y prometer que los educarán para seguir su camino.
La obligatoriedad de lo que ocurre después es difícil de determinar. Aunque personas que abandonaron la comunidad manifiestan en redes sociales que la presión de lo que se debe y no se debe hacer resulta insoportable, algunos miembros activos afirman que nada se impone ni se castiga. Aquí, dicen, se puede escuchar todo tipo de música y ver cualquier contenido televisivo. Se puede leer libros y viajar. Se puede cuestionar.
Siempre sonriente, con un vestido largo de flores anaranjadas y el pelo negro recogido en un moño, Sailem Castillo cuenta a la AP que su iglesia no le impone reglas, sino que le aconseja cómo “mantener una vida decente” en la que una mujer no bebe alcohol ni sale con muchos hombres.
Como todas las hermanas en Hermosa Provincia, suele usar vestidos y faldas que no se ajustan al cuerpo, evita el maquillaje excesivo y los aretes y tiene el cabello largo. Así lo estableció Pedro en la Biblia. La mujer debe estar “sujeta” a su marido. Su conducta debe ser “casta y respetuosa”. Su atavío debe evitar lo ostentoso y distinguirse de lo masculino.
A la comunicóloga y recién casada de 25 años le ilusiona trabajar y viajar y dice que su fe es mera convicción. Actúa “por el bien de su alma” porque al rehuir el pecado también elude ofender a Dios. Asegura que su Iglesia le da paz, aunque reconoce que hay quienes caen en el “extremismo”, lo que perjudica a su comunidad.
“No todos somos iguales”, dice Sailem.
Quienes nacen en la comunidad se bautizan a los 14 años porque, según La Luz del Mundo, eso les permite decidir con plena conciencia si reafirman o abandonan su fe. No obstante, varios ex devotos relatan que en su caso no fue opcional o que no comprendían lo que implicaba.
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